Page 65 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 65
—preguntó Isaac.
— Hemos leído sobre la universidad. Sobre la ciencia y la
industria que se mueve y se mueve como en ningún otro sitio.
Sobre la Ciénaga Brock.
— ¿Pero dónde oís todas estas cosas?
— En nuestra biblioteca.
Isaac estaba asombrado. Abrió la boca antes de
recuperarse.
— Perdóname — dijo —. Creía que erais nómadas.
— Sí. Nuestra biblioteca viaja.
Y Yagharek le contó a Isaac, para mayor asombro de este,
sobre la gran biblioteca del Cymek, sobre el clan de
bibliotecarios que preparaba los miles de volúmenes en sus
baúles y los transportaba cuando volaban, siguiendo la
comida y el agua en el cruel y perpetuo verano del desierto;
sobre la enorme aldea de tiendas que surgía allá donde
aterrizaban, y sobre las bandadas de garudas que se
congregaban en aquel vasto centro de saber siempre que
podían.
La biblioteca tenía cientos de años de antigüedad, con
manuscritos en incontables lenguas, tanto vivas como
muertas: el ragamoL, del que el idioma de Nueva Crobuzon
era un dialecto; el hotchi; el vodyanoi félido y el del sur; el
alto khepri; y muchos otros. Incluso contenía un códice,
aseguró Yagharek con evidente orgullo, escrito en el secreto
dialecto de los recuerdos manuales. Isaac no dijo palabra,
avergonzado por su ignorancia. Su imagen de los garuda se
desmoronaba minuto a minuto. Eran algo más que salvajes
dignificados. Ya es hora de que consulte mi propia biblioteca
64

