Page 61 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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no tenga que lamentarlo.
Esperó un instante antes de aceptar las condiciones.
—Oh, estoy tan satisfecho... —suspiró él. El corazón de
Lin latía desbocado—. Estoy realmente encantado. Bien...
Desde detrás de la pantalla llegó un leve frufrú. Lin se
quedó muy quieta en la silla. Las patas de su cabeza se
movieron trémulas.
—Las persianas del despacho están bajadas, ¿no? —
preguntó el señor Motley—. Porque creo que debería ver con
lo que va a trabajar. Su mente es mía, Lin. Ahora trabaja para
mí.
El señor Motley se incorporó y empujó la pantalla hasta
derribarla.
Lin dio un respingo, con las antenas vibrando por el
asombro y el horror. Lo contempló.
Pedazos de piel, pelaje y plumas se agitaron al moverse el
ser; miembros diminutos se encogían mientras los ojos
giraban desde nichos oscuros; las cornamentas y
protuberancias óseas asomaban precarias; los receptores
sensoriales vibraban y las bocas rezumaban; retales de pieles
multicolores colisionaban; un casco equino se arrastraba
suavemente sobre el suelo de madera; mareas de carne
rompían las unas contra las otras en violentas oleadas;
músculos animados por tendones y huesos alienígenos
colaboraban en una tregua inestable, con movimientos lentos
y tensos; las escamas resplandecían y las aletas se
estremecían; las alas batían rotas, y unas garras de insecto se
abrían y cerraban.
Lin retrocedió, trastabillando, tratando aterrada de alejarse
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