Page 69 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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parecía hervir. Unas feas grietas, heridas mal curadas, se
extendían como pequeñas venas desde las erupciones. Las
tiras de carne malfadada a ambos lados de la espalda medían
unos cuarenta y cinco centímetros, y quizá diez en su punto
más ancho. La expresión de Isaac estaba torcida con
simpatía: las oquedades estaban cuajadas con toscos cortes,
lo que le hizo comprender que le habían serrado las alas. No
se trataba de un único corte repentino, sino de una larga y
tortuosa desfiguración. Se encogió.
Unos delgados nudos óseos se movían y flexionaban; los
músculos se estiraban, grotescamente visibles.
— ¿Quién hizo esto? — dijo Isaac entre dientes apretados.
Las historias eran ciertas, pensó. El Cymek es una tierra
realmente salvaje.
Se produjo un largo silencio antes de que Yagharek
respondiera.
— Y o... yo lo hice.
Al principio, Isaac pensó que no había oído bien.
— ¿Qué quieres decir? ¿Cómo coño... podrías...?
— Yo lo provoqué — gritó el garuda—. Es justicia. Fui
yo quien hizo esto.
— ¿Es un castigo? Joder, la hostia, ¿qué... qué hiciste?
— ¿Juzgas la justicia garuda, Grimnebulin? Me cuesta oír
eso sin pensar en los rehechos...
— ¡No trates de darle la vuelta! Sí, tienes razón, no tengo
estómago para la ley de esta ciudad... Solo intento
comprender qué te sucedió.
Yagharek lanzó un suspiro con un encogimiento de
hombros de asombrosa humanidad. Cuando habló lo hizo
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