Page 664 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Una dura expresión cruzó a toda velocidad el rostro de
Isaac, desapareciendo al instante.
—Aquí está —dijo, depositando una de sus mochilas
frente al avatar. El hombre desnudo la abrió y se inclinó para
mirar los tubos y cristales del interior, concediendo a Isaac
una repentina y vil vista del cráneo hueco. El títere levantó
la bolsa y se acercó al Consejo para depositarla frente a la
entrepierna de la enorme figura.
—Entonces —dijo Isaac— te quedas con eso en caso de
que encuentren nuestra cabaña. Buena idea. Volveré a por él
por la mañana —miró con ceño—. ¿Cuál de los vuestros
viene con nosotros? Necesitamos algo de potencia detrás.
—No puedo arriesgarme a ser descubierto, Grimnebulin
—dijo el avatar—. Si yo acudiera con mis yoes ocultos, con
los constructos que trabajan de día en las grandes casas, en
las obras, en las cámaras de los bancos, y volvieran abollados
o rotos, o no volvieran, quedaría expuesto a las pesquisas de
la ciudad. Y no estoy preparado para eso. Aún no. —Isaac
asintió lentamente—. Por tanto, acudiré con vosotros
mediante aquellas formas que puedo permitirme perder. Eso
levantará confusión y asombro, pero no suspicacia respecto
a la verdad.
Detrás de Isaac, la basura comenzó a agitarse y a
desprenderse. Se giró.
Desde las montañas de objetos desechados, agregaciones
particulares de basura empezaban a separarse. Como el
propio Consejo de los Constructos, se trataba de un
conglomerado de materia del vertedero.
Los autómatas imitaban la forma y el tamaño de
chimpancés. Castañeteaban y tañían al moverse, con un
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