Page 665 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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sonido  extraño  e  inquietante.  Cada  uno  era  único.  Sus

            cabezas eran teteras y lámparas, las manos garras de aspecto

            cruel creadas con instrumental científico y articulaciones de

            andamio.  Estaban  blindados  con  grandes  placas  de  metal
            arrancado, toscamente soldadas y roblonadas a los cuerpos,

            y  avanzaban  por  el  basurero  con  un  impaciente  ademán

            simiesco. Habían sido creados con un extraordinario sentido

            estético.

                De haber estado quietos, serían invisibles: poco más que


            un azaroso acopio de metal avejentado.

                Isaac  contempló  a  aquellos  chimpancés  que  se

            balanceaban y saltaban rezumando agua y aceite, mientras

            latían al ritmo de sus mecanismos.

                —He descargado en cada uno de sus motores analíticos

            tanta memoria y capacidad como pueden albergar. Estos de

            mí  te  obedecerán,  y  comprenden  la  urgencia  de  tus

            necesidades. Les he proporcionado inteligencia vírica. Han

            sido programados con los datos necesarios para reconocer a
            las  polillas  y  atacarlas.  Cada  uno  está  construido  con  un

            agente  ácido  o  flogístico  en  el  diafragma  —Isaac  asintió,

            maravillado ante la facilidad con la que el Consejo creaba a

            sus máquinas asesinas—. ¿Ya has pergeñado el mejor plan?


                —Bueno... Vamos a prepararlo esta noche. Diseñaremos

            alguna clase de... eh... preparativo, ya sabes, un plan, con
            nuestra...  plantilla  adicional.  Mañana  a  las  seis  nos

            reuniremos aquí con Yag, asumiendo que ese estúpido hijo

            de puta no haya conseguido que lo maten. Después iremos al

            gueto de Piel del Río, empleando la experiencia de Lemuel,

            y empezaremos a cazar polillas. La voz de Isaac era áspera y

            entrecortada. Escupía rápidamente lo que tenía que decir—.



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