Page 678 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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igual número con los humanos. Eran la clase baja de su raza,
y entraban en el Invernadero para comprar y rezar, aunque
forzados a vivir en la ciudad infiel.
Algunos se rebelaban. Los jóvenes furiosos juraban no
volver a pisar el hogar que los había traicionado. Se referían
irónicos a él con un nombre antiguo, obsoleto: el Semillero.
Llenaban sus cuerpos de cicatrices y combatían con sus
bandas en brutales y emocionantes peleas sin sentido. A
veces aterrorizaban al vecindario, atacando o robando a los
humanos y a sus propios ancianos que compartían sus calles.
Fuera, en Piel del Río, el pueblo cacto era hosco y
silencioso. Trabajaban para sus jefes humanos o vodyanoi
sin objeciones ni entusiasmos. No se comunicaban con los
obreros de otras razas sino con breves gruñidos. Se
desconocía su comportamiento dentro de las murallas del
Invernadero.
El propio Invernadero era una enorme cúpula aplanada. En
el encuentro con el suelo, su diámetro era de más de
cuatrocientos metros. La coronación alcanzaba los ochenta
metros de altura. La base estaba inclinada para acomodarse
a la pendiente de Piel del Río.
La estructura, confeccionada con hierro negro, era un
grueso esqueleto decorado con rizos y filigranas ocasionales.
Se alzaba gigantesco sobre las casas del distrito, y era visible
desde una gran distancia en lo alto de su otero. Emergiendo
en círculos concéntricos desde la cáscara había dos colosales
vigas, casi del tamaño de las Costillas, que sostenían el peso
de la cúpula con grandes cables de metal retorcido.
Cuanto más se alejaba uno del Invernadero, más
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