Page 682 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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como el rubí.
Sobre una escalera corroída que ascendía hasta la cima de
la bóveda, una figura de silueta humana se aferraba al metal.
El hombre subía lentamente los escalones y ascendió hacia
el firmamento curvo del domo como si fuera la luna.
Aquella escalera era una de las tres que se extendían a
intervalos regulares desde el ápice, preparadas para unos
equipos de reparaciones que nunca aparecieron. La curva de
la cúpula parecía romper la superficie de la tierra como la
punta de un espinazo doblado, sugiriendo un vasto cuerpo
bajo tierra. La figura cabalgaba el lomo de una ballena
gargantuesca, sostenida por la luz atrapada en los cristales y
proyectada hacia el interior que hacía brillar todo el edificio.
El intruso se mantenía lo más agachado posible y se movía
muy lento para evitar ser visto. Había elegido la escalera del
lado noroeste para evadirse de los trenes del ramal Salacus
de la línea Sur. Las vías pasaban cerca del cristal al otro lado
de la cúpula, y cualquier pasajero observador hubiera podido
ver al hombre que se arrastraba por su superficie curva.
Al fin, tras varios minutos de escalada, el intruso alcanzó
el labio metálico que rodeaba el ápice de la gran estructura.
La clave misma era un globo de cristal límpido, de casi dos
metros y medio de diámetro. Se asentaba perfectamente en
el agujero circular del apogeo, suspendido medio dentro y
medio fuera como una gran tapa. El hombre se detuvo y
contempló la ciudad a través de los puntales de apoyo y los
gruesos cables de suspensión. El viento restallaba a su
alrededor, y se sujetaba a los asideros con terror vertiginoso.
Alzó la vista al cielo oscuro, las estrellas apagadas por la luz
espesa que lo rodeaba, que fluía a través del vidrio a sus pies.
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