Page 679 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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impresionante parecía. Desde la cima boscosa de la Colina

            de la Bandera, mirando más allá de dos ríos, las vías férreas,

            los trenes elevados y seis kilómetros y medio de grotesca

            conurbación,  las  caras  de  la  cúpula  resplandecían  como
            límpidos fragmentos de luz. Sin embargo, desde las calles

            adyacentes se podía apreciar la multitud de grietas y espacios

            oscuros allá donde faltaba el cristal. La cúpula había sido

            reparada una sola vez en sus tres siglos de existencia.

                Desde  su  base,  la  edad  de  la  estructura  era  claramente


            perceptible: estaba decrépita. La pintura se descascarillaba
            en largas lenguas y se separaba de una carpintería metálica

            que el óxido devoraba como pequeños gusanos. Hasta los

            cinco  metros  de  altura,  los  paneles  (cada  uno,  de  casi  un

            metro cuadrado, menguaba en anchura como los trozos de un

            pastel a medida que se acercaban a la coronación) estaban

            cegados con el mismo hierro mal pintado. Por encima de ese

            nivel, el cristal era sucio e impuro, tintado de verde, azul y
            beige en un patrón aleatorio. Estaba reforzado, y se suponía

            que tenía que soportar el peso de al menos dos cactos de buen

            tamaño.  Aun  así,  varios  de  los  paneles  estaban  rotos  y

            huecos, y muchos más mostraban una filigrana de grietas.

                La cúpula había sido construida sin reparar en las casas a

            su alrededor. El patrón de calles que la rodeaban proseguía

            hasta alcanzar la base sólida de metal. Las dos, tres o cuatro

            casas que se habían encontrado en los límites de la cúpula

            habían sido aplastadas y seguían después los bloques bajo la

            cobertura del cristal en una variedad de ángulos azarosos.

                Los  cactos  se  habían  limitado  a  encerrar  una  zona  ya

            existente de las calles de Nueva Crobuzon.


                A lo largo de las décadas, la arquitectura interior de la



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