Page 711 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 711

44

                Las patrullas cactas, agolpadas en la base del Invernadero,

            discutían con los ancianos supervivientes.


                Shadrach  estaba  agazapado  en  un  callejón,  lejos  de  la

            vista,  y  sacaba  un  telescopio  en  miniatura  de  un  bolsillo
            oculto.  Lo  extendió  en  toda  su  longitud  y  observó  a  los

            soldados congregados.


                —No tienen ni idea de lo que hacer —musitó en silencio.

            El resto de la banda se apiñaba tras él, pegados a la pared

            húmeda. Trataban de pasar lo más desapercibidos que era

            posible en las sombras danzantes arrojadas por las antorchas
            que  parpadeaban  y  ardían  sobre  ellos—.  Por  eso  habrán

            decretado  el  toque  de  queda.  Las  polillas  los  están

            capturando. Por supuesto, es posible que siempre sea así. Da

            igual —se volvió hacia los otros—. Nos va a ser de ayuda.

                No era difícil escabullirse invisibles por las calles oscuras

            del Invernadero. Su paso no encontraba obstáculos. Seguían

            a Pengefinchess, que se mecía con un extraño andar, a medio

            camino entre el salto de una rana y el paso de un ladrón en la

            noche. Sostenía el arco en una mano, en la otra una flecha de

            punta ancha, alabeada, eficaz contra los cactos; aunque no

            tuvo que emplearla. Yagharek avanzaba un poco detrás de

            ella,  dándole  instrucciones.  En  ocasiones  la  vodyanoi  se

            detenía  y  hacía  gestos  a  su  espalda  apretándose  contra  la
            pared  o  escondiéndose  detrás  de  un  carro  o  un  puesto,

            mientras  observaba  cómo  retiraban  las  cortinas  de  las

            ventanas los más valientes e insensatos para mirar a la calle.


                Los  cinco  constructos  simiescos  caminaban  tras  sus
            compañeros orgánicos. Sus pesados cuerpos de metal eran

            silenciosos, y no emitían más que algunos sonidos extraños.



                                                           710
   706   707   708   709   710   711   712   713   714   715   716