Page 706 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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sus armas hacia el cielo antes de bajarlas entre maldiciones.
No podían ver casi nada. Lo único que sabían era que había
vagas figuras aladas revoloteando como hojas en lo alto del
templo, y que los ancianos habían dejado de disparar la lanza
solar.
Un grupo de duros y valientes guerreros corrió hacia la
entrada del zigurat y ascendió por las escaleras hacia sus
comandantes. Eran demasiado lentos. Estaban vendidos. Las
polillas se alejaron del edificio, deslizándose suavemente
hacia el cielo con las alas aún extendidas, volando de algún
modo con las alas inmóviles en una hipnótica vista. Cada
polilla descendía un poco al ser arrastrada su presa por el
borde de ladrillo. Los tres ancianos cactos colgaban presos,
acunados en los bestiales brazos de los monstruos,
observando estupefactos la mareante tormenta de colores
nocturnos en las alas de sus captores.
Varios segundos antes de que la patrulla cacta apareciera
por la trampilla que daba a la coronación, las polillas
desaparecieron. Una tras otra, de acuerdo con alguna orden
exacta y silenciosa, volaron disparadas hacia arriba y
salieron por la grieta de la cúpula. Se movían siguiendo un
vertiginoso encantamiento, atravesando sin pausa alguna una
abertura por la que apenas cabían sus alas.
Se llevaron con ellas a sus presas comatosas, arrastrando
los pesos muertos hacia la noche con facilidad repulsiva.
Los ancianos que habían quedado en el zigurat sacudían la
cabeza confusos, exclamando atónitos e incómodos al
recuperar sus mentes. Sus gritos se tornaron horripilados al
comprobar que habían secuestrado a sus compañeros.
Aullaban de rabia y apuntaban la lanza solar hacia arriba,
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