Page 707 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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escudriñando sin sentido los cielos vacíos. Los guerreros más
jóvenes aparecieron con los arcos huecos y los machetes
preparados. Miraron a su alrededor, confusos por la triste
escena, y bajaron sus armas.
Solo entonces, con las víctimas profiriendo juramentos de
sangre y gimiendo de furia, con la noche preñada de sonidos
confusos, con las polillas volando por la oscura metrópolis,
emergió Yagharek de su trance marcial y siguió
descolgándose por la estructura interior del Invernadero. Los
constructos lo vieron moverse y lo siguieron en su descenso.
Se movía lateralmente por las vigas horizontales,
asegurándose de llegar al suelo detrás de los edificios en la
pequeña zona yerma que rodeaba el fétido muñón del canal.
Yagharek se descolgó el último tramo y aterrizó en
silencio, rodando sobre los ladrillos rojos. Se agazapó y
escuchó.
Se produjeron tres leves crujidos cuando los simios
mecánicos se descolgaron a su lado, esperando órdenes o
sugerencias.
Yagharek miró el agua hedionda. Los ladrillos estaban
resbaladizos por el limo orgánico de muchos años. En un
extremo, a unos diez metros de las paredes de la cúpula, el
canal llegaba a un abrupto fin de mampostería. Aquello debió
de ser el comienzo de un pequeño afluente del sistema
principal de canales. Allí donde se encontraba con la bóveda,
el canal se cortaba en un tosco dique de hormigón y hierro.
La presa había sido encajada en el agua para sellar los bordes
lo mejor posible No obstante, en la obra aún había las
suficientes grietas e imperfecciones como para que la
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