Page 716 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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las antorchas, valoró el ángulo de los tejados que se cernían
sobre ellos. Trazó oscuras fórmulas.
— Voy a intentar un hechizo de velo —dijo—. Sois
demasiado visibles. No tiene sentido buscar problemas. —
Shadrach asintió —. Es una pena que no podamos incluir a
los constructos. Señaló a los simios autómatas para que se
apartaran—. ¿Me ayudas, Penge? Canaliza un poco de
energía, anda. Esto es agotador.
La vodyanoi se inclinó un poco y situó la mano izquierda
sobre la derecha de su compañero. Los dos se concentraron,
cerrando los ojos. Durante un minuto no hicieron
movimiento ni sonido alguno. Entonces Isaac vio cómo sus
ojos se abrían nerviosos al mismo tiempo.
—Apagad esas malditas luces —siseó Tansell, y la boca
de Pengefinchess se movió en silencio con él. Shadrach y los
otros miraron a su alrededor, inseguros de a qué se refería,
cuando vieron el fulgor de una farola ardiente sobre ellos.
De inmediato, Shadrach hizo un gesto a Yagharek. Se
acercó a la lámpara más cercana y unió sus manos, formando
un escalón. Flexionó las piernas.
—Usa tu capa —le dijo—. Sube y ahoga la llama.
Probablemente fuera Isaac el único en percibir la
infinitesimal vacilación del garuda. Comprendió la valentía
en la obediencia de Yagharek, preparado para echar a perder
su último tapujo. Desabrochó el cierre de la garganta y
apareció ante todos ellos, con la cabeza emplumada y el pico
al descubierto, la enorme vacuidad a su espalda voceando la
evidencia, sus cicatrices y muñones cubiertos por una
delgada camisa.
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