Page 730 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Desde debajo de su abdomen, la polilla extrajo un globo
grande y blando. Tenía un diámetro de un metro, y mientras
Isaac parpadeaba ante los espejos para ver con mayor
claridad, pensó reconocer la textura gruesa y mucosa, el
color grisáceo de la mierda onírica.
Sus ojos se abrieron como platos.
La polilla midió el objeto con las patas traseras,
extendiéndolas para abarcar el grueso glóbulo de leche
monstruosa. Eso debe de valer miles de..., pensó. No. Si se
corta para hacerla más suave, probablemente haya allí
millones de guineas. No me extraña que todo el mundo esté
intentando recuperar a esas malditas cosas...
Entonces, frente a sus ojos, un trozo del abdomen de la
polilla se desplegó. Apareció una larga jeringa orgánica, una
extrusión segmentada que se doblaba hacia atrás desde la
cola del monstruo con una bisagra de quitina. Casi tenía la
longitud del brazo de Isaac. Con la boca seca por la revulsión
y el espanto, este vio cómo la polilla acercaba la cánula a la
esfera de droga cruda y se detenía un instante antes de
clavarla hasta el centro del cuajo pegajoso.
Bajo la armadura abierta, donde se apreciaba la zona
blanda del bajo vientre y de donde surgía la caña, Isaac vio
que el abdomen de la criatura se convulsionaba con
movimientos peristálticos e inyectaba algo invisible por toda
la cánula hasta el centro de la mierda onírica.
Isaac sabía lo que estaba viendo. La droga era una fuente
de alimento, una reserva de energía para las crías famélicas.
Aquella jeringa orgánica de carne era un ovipositor.
La polilla estaba poniendo sus huevos.
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