Page 725 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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demás armas y asintió. Isaac tanteó su pistola y el extraño
cuchillo en el cinturón—. Muy bien, pues.
Activó la pequeña palanca de la dinamo y desde la
máquina llegó un zumbido siseante. Yagharek sostuvo
precavido los escapes y miró en su interior. Notaba vagas
sensaciones, una extraña colada que fluía hasta él desde el
borde de los tubos. Un ligero temblor lo recorrió desde las
manos, la reverberación de un temor que no era el suyo.
Isaac señaló a tres de los constructos.
—Entrad —dijo—. Metro y medio por delante de
nosotros. Moveos lentamente. Deteneos si hay peligro. Tú —
dijo señalando a otro—, marcha tras nosotros. El otro, que se
quede con Yag.
Lentamente, uno tras otro, los autómatas se sumergieron
en las tinieblas.
Isaac apoyó una mano sobre el hombre de Yagharek.
—Volveremos pronto, viejo —dijo—. Vigila por
nosotros.
Se arrodilló, precediendo a Shadrach por la gruta de
ladrillo roto, avanzando acuclillados por el agujero estigio.
El túnel era parte de una topografía subversiva.
Se arrastraba en ángulos extraños entre las paredes del
edificio y giraba bruscamente, inundado por el ruido de las
respiraciones y el traqueteo de los monos. A Isaac le dolían
las manos y las rodillas por la presión de la piedra tallada
bajo ellas. Estimó que estaban retrocediendo hacia las
plantas derruidas. Se desplazaban hacia abajo, e Isaac
recordó cómo la curva de la cúpula había decapitado las
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