Page 726 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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casas  en  un  punto  cada  vez  más  bajo  a  medida  que  se

            acercaban  al  cristal.  Cuanto  más  cercanas  estaban  las

            habitaciones  a  la  cáscara  exterior,  cuanto  más  bajas  se

            encontraban, más cuajadas aparecían de restos y escombros.

                Se abrían paso por el pequeño muñón de la calle, hacia la

            bóveda, por plantas desiertas que formaban una madriguera

            intersticial. Isaac tembló un instante en la oscuridad. Sudaba

            por el calor y el miedo; estaba aterrado. Había visto a las

            polillas.  Las  había  visto  alimentarse.  Sabía  lo  que  podía

            esperarles en las profundidades de aquella cuña de cascotes.

                Tras un corto tiempo arrastrándose, Isaac sintió un tirón y

            una liberación. El tubo había alcanzado toda su extensión y

            Yagharek lo había soltado.

                No  dijo  nada.  Podía  oír  a  Shadrach  a  su  espalda,

            respirando con dificultades, gruñendo. Los dos hombres no

            podían alejarse más de metro y medio, ya que los cables de

            sus cascos estaban conectados a un único motor.

                Isaac  alzó  la  cabeza  y  miró  a  su  alrededor,  buscando

            desesperado una luz.


                Los constructos simiescos seguían avanzando. Cada pocos

            momentos, uno encendía un instante los focos de sus ojos y,
            por  una  fracción  de  segundo,  Isaac  podía  distinguir  la

            siniestra gruta de añicos y el metal reluciente del cuerpo de

            los  constructos.  Entonces  las  luces  se  apagaban  e  Isaac

            trataba  de  seguir  la  imagen  fantasmal  que  se  difuminaba

            lentamente ante sus ojos.

                En la oscuridad absoluta era fácil sentir hasta el más leve

            brillo.  Isaac  supo  que  se  dirigían  hacia  una  fuente  de  luz

            cuando alzó la mirada y vio la silueta gris del túnel, más

            adelante.  Algo  le  apretó  el  pecho  y  dio  un  respingo  al


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