Page 762 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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sudoroso a la cumbre del cielo, los supervivientes, las heces,
examinamos nuestras armas y los restos que hemos reunido,
nuestras notas y nuestras historias.
Con reservas que ignorábamos que pudiéramos convocar,
con un asombro que percibo como si me encontrase al otro
lado de un velo, trazamos planes. Enrollo mi látigo
alrededor de mi muslo derecho y afilo mi hoja. Derkhan
limpia sus armas mientras le murmura algo a Isaac.
Pengefinchess vuelve a sentarse y sacude la cabeza. Se
marchará, nos advierte. No hay nada que pueda inducirla a
quedarse. Dormirá un poco y luego se despedirá, nos dice.
Isaac se encoge de hombros. Saca varios compactos
motores de válvulas del lugar en el que los ha guardado,
entre la apilada basura de la casucha. Extrae hojas y hojas
de notas, manchadas de sudor, sucias, apenas legibles, del
interior de su camisa.
Comenzamos a trabajar, Isaac más fervientemente que
cualquiera de nosotros, escribiendo con frenesí.
Levanta la mirada después de horas de juramentos
musitados e interrupciones entre siseos. No podemos
hacerlo, dice. Necesitaríamos un foco.
Y entonces vuelve a pasar una hora o dos horas y él vuelve
a levantar la mirada.
Tenemos que hacerlo, dice, y todavía necesitamos un foco.
Nos dice lo que debemos hacer.
Se hace el silencio y entonces debatimos. Rápidamente.
Ansiosamente. Elegimos candidatos y los descartamos.
Nuestros criterios son confusos: ¿debemos elegir a los
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