Page 761 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Pero entonces, mientras nos preparamos para
abandonarlas palabras y dejar que ocurra lo que haya de
ocurrir, Isaac levanta su morosa cabeza y habla.
Primero demanda una comida y un agua que no tenemos.
Lentamente, entorna la mirada y empieza a hablar como una
criatura inteligente. Con una desdicha remota, narra las
muertes que ha presenciado.
Nos habla de la Tejedora, la demente diosa danzarina y
de su lucha contra las polillas, los huevos que quemó, la
extraña y cantarina declamación de nuestra campeona,
inesperada e indigna de confianza. Con palabras frías y
claras nos dice en qué cree que se ha convertido el Consejo
de los Constructos y lo que quiere y lo que podría ser (y
Pengefinchess, asombrada, traga saliva con fuerza, mientras
sus protuberantes ojos se abren aún más al descubrir lo que
les ha ocurrido a los constructos de los basureros de la
ciudad).
Y cuanto más habla él, más y más habla. Habla de planes.
Su voz se endurece. Algo ha terminado en su interior, algo
que esperaba, una suave paciencia que murió con Lin y que
ahora está en ferrada, y yo mismo siento como si me volviera
de piedra mientras lo escucho. Me inspira rigor y propósito.
Habla de traiciones y traiciones de traiciones, de
matemáticas y mentiras y taumaturgia, de sueños y de cosas
aladas. Expone teorías. Me habla de volar, algo que casi
había olvidado que un día pude hacer, algo que ahora deseo
de nuevo mientras él lo menciona, lo deseo con todas mis
fuerzas.
Mientras el sol trepa arrastrándose como un hombre
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