Page 782 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Al llegar a la estación Salida de Siriac, se había separado
de las vías del tren y se había internado en la maraña de calles
que se extendía al sur del ondulado Gran Alquitrán.
Le había sido fácil seguir el ruido de los vendedores
ambulantes y los dueños de los puestecillos hasta la miseria
que era el Paseo de los Tintoreros, la amplia y mugrienta
calle que enlazaba Siriac, los Campos Pelorus y el Pozo
Siríaco. Seguía el Gran Alquitrán como un eco impreciso,
cambiando su nombre conforme avanzaba para convertirse
en la avenida Wynion y más tarde en la calle del Lomo
Plateado.
Derkhan había rodeado la turbamulta que reinaba en él, los
carros de dos ruedas y los resistentes y ruinosos edificios de
las calles laterales. Lo había recorrido como un cazador en
dirección nordeste. Hasta que finalmente, cuando la calle
viraba y se dirigía al norte en un ángulo más abrupto, había
reunido el coraje necesario para atravesarla a hurtadillas, con
la mirada ceñuda de un mendigo furioso y se había
sumergido en el corazón del Pozo Siríaco, en dirección al
Hospital de Verulino.
Era una montaña antigua y extendida, llena de torreones y
decorada con diversas molduras de ladrillo y cemento: dioses
y demonios se observaban mutuamente desde lo alto de sus
ventanas, y de los múltiples niveles del techo asomaban
dragoks rampantes en ángulos insólitos. Tres siglos antes,
había sido una grandiosa casa de reposo para ricos dementes,
en medio de lo que por entonces era un suburbio no muy
populoso de la ciudad. Los barrios marginales se habían
extendido como la gangrena y habían terminado por tragarse
el Pozo Siríaco: el asilo había cerrado y se había
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