Page 783 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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transformado en un almacén de lana de baja calidad; luego la
bancarrota lo había vaciado; había sido ocupado por una
banda de ladrones y más tarde por una fallida unión de
taumaturgos; y finalmente comprado por la Orden de
Verulino y convertido una vez más en hospital.
Una vez más en un lugar de curación, decían.
Privado de fondos o medicamentos, con doctores y
boticarios voluntarios que trabajaban en horarios extraños
cuando sus conciencias no los dejaban descansar, y un
personal de monjas y monjes, píos pero carentes de
instrucción, el Hospital de Verulino era el lugar en el que los
pobres acudían a morir.
Derkhan había pasado junto al portero, ignorando sus
quejas como si fuese sorda. Él había levantado la voz pero
no la había seguido. Ella había subido las escaleras hasta el
primer piso, hacia las tres salas de trabajo.
Y allí... allí había cazado.
Recordaba haber paseado arriba y abajo junto a camas
limpias y gastadas, bajo enormes ventanas coronadas por
arcos e inundadas de luz fría, junto a cuerpos que resollaban,
agonizantes. Al atareado monje que se plantó delante de ella
y le preguntó qué quería, le había respondido farfullando
sobre su padre agonizante y desaparecido (había salido en
plena noche para morir) que, según había oído ella, podía
encontrarse allí, con aquellos ángeles de misericordia; el
monje, aplacado y un poco envanecido por aquel relato de su
propia bondad, le había dicho a Derkhan que podía quedarse
y buscarlo. Y ella, de nuevo deshecha en lágrimas, le había
preguntado dónde se encontraban los enfermos terminales
porque su padre, le había explicado, estaba a punto de morir.
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