Page 786 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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había inundado de lágrimas con asombrosa rapidez y se
había sentido como si pudiese aullar de miseria, así que había
cerrado los ojos y había siseado con un dolor animal, sin
palabras, hasta que la monja volvió a guardar silencio.
Derkhan había vuelto a mirarla y había contenido sus propias
lágrimas.
Había sacado el arma del interior de su capa y había
apuntado con ella al vientre de la monja. Esta había bajado
la mirada y había chillado de sorpresa y miedo. Mientras la
monja seguía con la incrédula mirada puesta en el arma,
Derkhan había sacado con la mano izquierda la bolsa de
dinero, lo poco que quedaba del dinero de Isaac y Yagharek.
La había sostenido en alto hasta que la monja la había visto
y había comprendido lo que se esperaba de ella y había
extendido su mano. Entonces Derkhan había vertido los
billetes y el polvo de oro y las gastadas monedas sobre ella.
Toma esto, había dicho con voz temblorosa y cuidadosa.
Señaló vagamente por toda la sala, a las figuras gimientes de
las camas. Compra láudano para ese y calciach para ella,
había dicho Derkhan, cura a ese y pon a dormir en silencio a
ese otro; haz que uno o dos o tres o cuatro de ellos vivan y
haz más fácil la muerte para uno o dos o tres o cuatro de ellos,
no lo sé, no lo sé. Tómalo, hazle las cosas un poco más fáciles
a cuantos de ellos puedas, pero a este, a este debo llevármelo.
Despiértalo y dile que tiene que venir conmigo. Dile que
puedo ayudarlo.
La pistola de Derkhan tembló, pero la mantuvo vagamente
apuntada a la otra mujer. Cerró los dedos de la monja
alrededor del dinero y observó cómo se arrugaban y abrían
sus ojos de asombro e incomprensión.
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