Page 785 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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demandado saber a quién estaba buscando.
Derkhan la había ignorado, había continuado con su fría y
terrible evaluación. Había recorrido la sala por completo y
finalmente se había detenido frente a la cama de un fatigado
anciano cuyas notas le concedían todavía una semana de
vida. Dormía con la boca abierta, babeando ligeramente y
haciendo muecas en su sueño.
Se había producido un horripilante momento de reflexión,
en el que ella se había encontrado a sí misma aplicando una
ética tortuosa e insostenible a su elección (¿Quién es aquí un
informador de la milicia?, quería gritar. ¿Quién es aquí un
violador? ¿Quién un asesino de niños? ¿Quién un
torturador?). Había acallado tales pensamientos. No podía
permitírselos, se había dado cuenta. Podían volverla loca.
Esto tenía que ser una obligación. No podía ser una elección.
Derkhan se había vuelto hacia la monja que la seguía
emitiendo un constante flujo de tonterías que no resultaban
difíciles de ignorar.
Derkhan recordaba sus propias palabras como si nunca
hubiesen sido reales.
Este hombre se está muriendo, había dicho. El ruido de la
monja se había acallado y luego había asentido. ¿Puede
caminar?, había preguntado.
Con lentitud, había dicho la monja.
¿Está loco?, había preguntado Derkhan. No lo estaba.
Me lo llevo conmigo, había dicho. Lo necesito.
La monja había empezado a mostrar su enfado y su
perplejidad, y las cuidadosamente sofocadas emociones de
Derkhan se habían liberado por un momento, y su rostro se
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