Page 787 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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En lo más profundo de su interior, en aquella parte de sí
que todavía era capaz de sentir, que no podía acallar del todo,
Derkhan había sido consciente de una quejumbrosa defensa,
de un argumento de justificación: ¿Ves?, sentía que estaba
diciendo. ¡Nos llevamos a este, pero mira a cuántos
salvamos!
Pero ninguna contabilidad moral podía disminuir el horror
de lo que estaba haciendo. Solo podía ignorar este ansioso
discurso. Miró profunda y fervientemente a los ojos de la
monja. Cerró con más fuerza su mano alrededor de sus
dedos.
Ayúdalos, había siseado. Esto puede ayudarlos. Puedes
ayudarlos a todo excepto a este o no podrás ayudar a
ninguno. Ayúdalos.
Y después de un largo, larguísimo momento de silencio,
de mirar a Derkhan con ojos atribulados, de mirar el
mugriento tesoro y la pistola y luego a los agonizantes
enfermos que la rodeaban por todas partes, la monja había
guardado el dinero en el delantal blanco con mano
temblorosa. Y mientras se alejaba para despertar al paciente,
Derkhan la había observado sintiendo un mezquino y terrible
triunfo.
¿Ves?, había pensado, enferma de autocompasión. ¡No he
sido solo yo! ¡Ella también ha decidido hacerlo!
Su nombre era Andrej Shelbornek. Tenía sesenta y cinco
años. Sus órganos internos estaban siendo devorados por
alguna clase de germen virulento. Era apacible y estaba muy
cansado de preocuparse, y después de dos o tres preguntas
iniciales había seguido a Derkhan sin quejarse.
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