Page 843 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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—Coge mi pistola —siseó—. Si se acerca, haz un disparo
de advertencia. Confiemos en que mantenga la distancia —
sus manos se apresuraban a girar, a conectar, a programar.
Pulsó códigos numéricos en tableros digitales y metió
tarjetas perforadas en las ranuras—. Casi está —murmuró—
. Casi está.
La sensación de premura nocturna, de estarse deslizando
hacia un sueño amargo, se incrementaba.
—Isaac... —siseó Derkhan. Andrej se había sumido en una
especie de sopor aterrorizado y exhausto y comenzó a gemir
y a balancearse, los ojos muy abiertos y empapados de
cansina vaguedad.
— ¡Hecho! —exclamó Isaac y retrocedió un paso.
Sobrevino un momento de silencio. El entusiasmo de Isaac
se disipó rápidamente.
— ¡Necesitamos a la Tejedora! —dijo—. Se suponía que...
¡Dijo que estaría aquí! No podemos hacer nada sin ella...
No podían hacer nada salvo esperar.
El hedor de la pervertida imaginería onírica crecía y
crecía, y por toda la ciudad, en lugares fortuitos, empezaron
a escucharse aullidos breves, conforme el sufrimiento de los
durmientes en su sueño les hacía gritar su miedo o su desafío.
La lluvia se hizo más intensa, hasta que el suelo de hormigón
estuvo resbaladizo. Isaac trató de cubrir con el grasiento saco
algunas secciones del circuito de crisis, moviéndose presa de
la agitación, en un vano intento por proteger su máquina del
agua.
Yagharek contemplaba el resplandeciente paisaje de los
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