Page 880 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Uno de los dirigibles había descendido y ahora pendía a
veinte o veinticinco metros sobre la plataforma del tejado. Se
cernía sobre ellos como un tiburón hinchado. Una maraña de
cables se estaba desenrollando desordenadamente a través de
la oscuridad, en dirección a la gran extensión de arcilla.
El cerebro de Andrej se apagó como una bombilla rota.
Una confusa mezcolanza de información recorrió las
entrañas de los motores analíticos.
Sin contar con la mente de Andrej como referencia, la
combinación de las ondas de la Tejedora y del Consejo de
los Constructos se volvió repentinamente fortuita y sus
proporciones variaron y se balancearon sin orden ni
concierto. Ya no formaban nada: eran solamente un chapoteo
desordenado de partículas y ondas oscilantes.
La crisis había pasado. La cada vez más gruesa mezcla de
ondas mentales no era más que la suma de sus partes y había
dejado de tratar de ser otra cosa. La paradoja, la tensión,
desaparecieron. El vasto campo de energía crítica se
evaporó.
Los ardientes engranajes y los equipos mecánicos del
motor de crisis parpadearon y se detuvieron abruptamente.
Con un crujiente colapso implosivo, la enorme marejada
de energía mental se disolvió en un instante.
Isaac, Derkhan, Yagharek y los oficiales que había en un
radio de diez metros a la redonda lanzaron gritos de dolor.
Se sentían como si, caminando bajo una brillante luz de sol,
hubiesen de pronto emergido a una oscuridad tan brusca y
tan absoluta que dolía. Una agonía gris estalló detrás de sus
ojos.
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