Page 879 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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La Tejedora levantó la mirada y musitó algo.
Había un pequeño agujero redondo en el pecho de Andrej,
donde la bala del oficial le había alcanzado. La sangre, que
manaba en perezosos impulsos, se derramó sobre su vientre
y saturó sus mugrientas ropas. Tenía el rostro blanco y los
ojos cerrados.
El patrón de sus ondas cerebrales vaciló. Los motores que
combinaban las exudaciones de la Tejedora y del Consejo
titubearon, inseguros, mientras su plantilla, su referencia,
decaía repentinamente.
Andrej era tenaz. Era un anciano cuyo cuerpo se estaba
desplomando bajo el opresivo peso de una enfermedad
degenerativa que lo pudría y cuya mente estaba rígida como
consecuencia de las emisiones oníricas coaguladas. Pero
incluso con una bala alojada bajo el corazón y una
hemorragia pulmonar, tardó casi diez segundos en morir.
Isaac lo sostuvo mientras el anciano respiraba de forma
sanguinolenta. La cabeza con el voluminoso casco se ladeó
de forma absurda. Isaac apretó los dientes mientras el
anciano moría. En el mismo final, en lo que puede que fuera
un espasmo de sus agonizantes nervios, Andrej se puso
tenso, sujetó a Isaac y lo abrazó con lo que el científico deseó
desesperadamente que fuera perdón.
Tenía que hacerlo lo siento lo siento, pensó, aturdido.
Detrás de Isaac, la Tejedora seguía trazando dibujos con
los derramados fluidos de las polillas asesinas. Yagharek y
Derkhan estaban llamando a Isaac a gritos, mientras los
soldados trepaban por la cornisa del tejado.
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