Page 883 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Mientras tanto, los derrotados milicianos se reunían y
comenzaban a asomarse una vez más por el borde del tejado,
viendo los pies de Isaac, Derkhan y Yagharek. Ahora se
mostraban más cautos.
Tres rápidas balas cayeron sobre ellos. Una envió volando
al aire oscuro a un oficial, que cayó sin decir una palabra y
destrozó con su peso una ventana que había cuatro pisos más
abajo. Las otros dos, al impactar rápidamente en la superficie
de ladrillos y piedra, levantaron una lluvia de fragmentos.
Isaac levantó la mirada. Una figura vaga se asomaba por
un saliente, unos siete metros por encima de ellos.
— ¡Es Mediamisa de nuevo! —gritó—. ¿Cómo ha llegado
hasta allí? ¿Qué está haciendo?
—Vamos —dijo Derkhan con brusquedad—. Tenemos
que irnos.
Los soldados seguían escondidos a poca distancia por
debajo de ellos. Cada vez que alguno se atrevía a levantarse
y se asomaba sobre la cornisa, Mediamisa le disparaba. Los
tenía atrapados. Uno o dos de ellos trataron de devolver el
fuego, pero sus esfuerzos eran intermitentes,
desmoralizados.
Justo por encima de la línea de los tejados y las ventanas,
formas poco claras estaban descendiendo suavemente desde
el dirigible, deslizándose sobre la superficie resbaladiza que
había debajo. Se balanceaban mientras resbalaban por el aire,
sujetos por algún gancho de sus armaduras. Las cuerdas que
los sostenían eran desenrolladas por suaves motores.
—Nos está dando algo de tiempo, solo los dioses saben
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