Page 929 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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había aparcado un carromato, creando deliberadamente un
callejón sin salida. Junto a él, un hombre y un vodyanoi
discutían ferozmente, mientras los dos burros que tiraban de
él encogían las cabezas, tratando de no llamar la atención.
Un grupo de niños se materializó frente a las ruedas
inmóviles, jugando con una pelota hecha con harapos
enrollados. Corrían de un lado a otro, haciendo ondear sus
ropas como alas inútiles.
Estalló una discusión y cuatro niños pequeños empezaron
a dar empujones a los dos pequeños vodyanoi que había en
el grupo. El vodyanoi regordete retrocedió a cuatro patas,
llorando. Uno de los niños le tiró una piedra. La discusión se
olvidó con rapidez. El vodyanoi permaneció un rato de mal
humor y entonces regresó al partido y robó la pelota.
Más lejos, unas pocas puertas más allá del edificio de
Isaac, una joven estaba pintando con tiza un símbolo en la
pared. Era un signo anguloso que no le resultaba familiar,
algún talismán de brujería. Dos ancianos se sentaban juntos
en un banco, tiraban dados y celebraban con risas
escandalosas los resultados. Los sucios edificios estaban
manchados de excrementos de pájaro, el embreado
pavimento salpicado de baches llenos de agua. Grajos y
palomas revoloteaban entre el humo emitido por millares de
chimeneas.
Fragmentos de conversaciones llegaban hasta los oídos de
Isaac.
— ¿...y dice que solo necesita uno para eso?...
—...se cargó el motor pero es que siempre ha sido un
gilipollas...
—...no le digas nada de ello...
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