Page 931 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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pensado él, espantado), con una excitación errática y una
confusión que resultaban absolutamente claras. Una parte
lujuriosa de él había querido continuar, pero el peso de la
pena había arrugado su pene casi de inmediato.
Lin había parecido decepcionada y dolida y entonces lo
había abrazado, feliz, repentinamente. Luego se había hecho
un ovillo, desesperada. Isaac había olido sus emanaciones en
el aire, a su alrededor. Había sabido que ella lloraba tratando
de dormir.
Isaac volvió a asomarse a la luz del día. Pensó en
Rudgutter y sus compinches; en el macabro señor Motley;
imaginó el frío análisis del Consejo de los Constructos,
privado por un engaño del motor que tanto codiciaba.
Imaginó las cóleras, las discusiones, las órdenes dadas y
recibidas aquella semana para condenarlo.
Caminó hasta el motor de crisis, lo contempló por entero
durante un breve momento. Se sentó, puso un papel sobre su
regazo y empezó a realizar cálculos.
No le preocupaba que el Consejo de los Constructos
pudiera imitar su motor por sí mismo. No era capaz de
diseñar uno. No podía calcular sus parámetros. El proyecto
se le había ocurrido en un salto intuitivo tan natural que no
lo había reconocido durante varias horas. El Consejo de los
Constructos no podía ser inspirado. El modelo fundamental
de Isaac, la base conceptual de su motor, no había tenido
siquiera que ponerlo por escrito. Sus notas resultarían por
completo opacas a cualquiera que las leyera.
Se colocó de manera que pudiese trabajar bajo la luz del
sol.
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