Page 146 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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las junturas y lubricado todos los impulsores. La había
desarmado y vuelto a armar de nuevo.
Y sin embargo, me sentía maravillado al ver que
todo funcionaba. Yan se plegó y desplegó ante mis ojos
igual que una argéntea figura de papiroflexia, hasta que
por fin tuve frente a mí un zorro de cromo tan bello y
mortal como los de las leyendas inmemoriales.
Paseó por la habitación, tanteando su nueva forma
de elegantes líneas, experimentando con sus nuevos y
sigilosos movimientos. Sus extremidades refulgían bajo
la luz de la luna y su cola, hecha de delicados cables de
plata finos como el encaje, dejaba un rastro de luz en el
escasamente iluminado apartamento.
Yan se giró y caminó hacia mí —no, se deslizó—,
una depredadora soberbia, la encarnación de una visión
ancestral cobrando vida. Inspiré profundamente y olí a
fuego y humo, a aceite lubricante y metal bruñido, olí el
efluvio de la fuerza.
—Gracias —dijo, y yo me incliné para rodear con
mis brazos su verdadera forma. El motor a vapor del
interior había caldeado el frío cuerpo metálico, un
cuerpo que me pareció cálido y lleno de vida.
—¿Lo notas? —preguntó.
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