Page 39 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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retirarse a dormir por la noche. Se trataba de una rama
de haya. No lejos de Domrémy, su pueblo natal, había
una vieja haya a la que llamaban el árbol de las Damas,
situada junto a un manantial. Su alma provenía de ese
árbol, porque quienes habían conocido a Juana en su
infancia juraban que de la rama emanaba el mismo olor
que del manantial de aquel árbol de las Damas.
»Todo aquel que se presentaba ante ella albergando
algún pensamiento pecaminoso veía extinguirse esa
llama en el acto, por la influencia del alma de Juana. Y
así permaneció pura, y juro que digo la verdad, incluso
aunque a veces estuviera tan desnuda como el resto de
los soldados.
—Hola —dijo Jimmy—, ¿cómo te llamas?
—Juana —respondió Rina. Se ruborizó y dejó el
libro—. Rina, quería decir.
En lugar de mirar a Jimmy, bajó la vista hacia la
ensalada a medio comer que tenía sobre la mesa. Se
preguntó si tendría algo en la comisura de la boca. Se le
pasó por la cabeza limpiarse con la servilleta, pero
decidió que ese gesto llamaría demasiado la atención.
—¿Sabes?, llevo toda la mañana preguntando por la
oficina y nadie me ha sabido decir tu nombre.
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