Page 538 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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tierra —le dijo a Chang Sheng su padre—. De nosotros
descienden los generales y poetas, los ministros y
eruditos del Imperio. Somos los únicos que valoramos
el orgullo.
Además de ayudar a su padre en el campo, Chang
Sheng estaba encargado de recoger leña para la cocina.
Su momento favorito del día era la hora que precedía a
la puesta de sol. Era entonces cuando cogía de detrás de
la puerta de la cocina la oxidada hacha y el incluso más
oxidado machete, y subía por la montaña que había
detrás del pueblo.
¡Crac!, partía el tronco medio podrido de un árbol el
hacha. ¡Zas!, hendía la hierba seca la cuchilla. Era un
trabajo duro, pero Chang Sheng fingía ser un gran héroe
segando la vida de sus enemigos como si de malas
hierbas se tratasen.
Una vez en casa, la cena consistía en crepes de
harina de sorgo rellenas de cebolletas marinadas en
salsa de soja, acompañadas de repollo encurtido y
pepino amargo salteado. En ocasiones, cuando su padre
estaba de un humor especialmente bueno, a Chang
Sheng incluso le permitían tomar un trago de vino de
ciruela, dulce en la punta de la lengua, ardiente al bajar
por la garganta. Y entonces su rostro adquiría un tono
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