Page 678 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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coreanas. Aunque se tenía que pagar el salario de un


             día.



                    Probé  en  una  ocasión,  pero  los  dos  estábamos

             sucísimos,  y  la  muchacha  se  quedó  inmóvil  como  un

             pez muerto. Nunca volví a recurrir a ellas.



                    Un amigo  me contó  que algunas  de las chicas no


             estaban allí de manera voluntaria, sino que habían sido

             vendidas al ejército imperial; tal vez ese era el caso de

             aquella  mujer.  No  sentí  lástima.  Estaba  demasiado

             agotado.



                    De la Guía de la historia estadounidense para ignorantes,


             1995:



                    Y  justo  cuando  todo  el  mundo  estaba  quedándose  sin

             trabajo y poniéndose a la cola de la sopa boba, llegó Japón y

             dijo:  «Eh,  Norteamérica,  vamos  a  construir  un  túnel  de


             cojones, gastar una  pila de dinero, contratar un porrón de

             trabajadores y conseguir que la economía vuelva a ir sobre

             ruedas. ¿Qué te parece?». Y la idea funcionó bastante bien,

             así que todo el mundo dijo: «¡Dōmo arigatō, Japón!».




                    Ahora bien, cuando a alguien se le ocurre una buena idea,

             asienta bien su baza. Baza que Japón jugó al año siguiente, en

             1930. En la Conferencia Naval de Londres, donde los grandes

             matones  —perdón,  las  «grandes  potencias»—  decidían


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