Page 820 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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mostraran arrepentimiento —una sorprendente postura


             cristiano‐confuciana  para  un  régimen  ateo—.  En  esta

             atmósfera  de  celo  revolucionario,  la  mayoría  de  los

             prisioneros  japoneses  recibían  un  trato  bastante


             humano.  Se  les  impartía  clases  de  marxismo  y  se  les

             pedía que confesaran sus crímenes por escrito (y esas

             clases fueron el origen de la creencia generalizada en

             Japón  de  que  si  alguien  confiesa  haber  cometido


             crímenes  terribles  durante  la  guerra  es  porque  los

             comunistas  le  han  lavado  el  cerebro).  Y  cuando  se

             consideraba  que  alguien  ya  se  había  reformado  lo

             suficiente  gracias  a  esa  «reeducación»,  era  liberado  y


             enviado de vuelta a Japón. Las memorias de la guerra

             fueron  reprimidas  en  China  mientras  el  país  se

             entregaba  de  manera  febril  a  construir  una  utopía


             socialista, con las desastrosas consecuencias por todos

             conocidas.



                    Sin embargo, esta generosidad hacia los japoneses

             tuvo como contrapeso la severidad estalinista con la que

             se trató a los terratenientes, capitalistas, intelectuales y


             chinos  en  general  que  habían  colaborado  con  los

             japoneses.  Cientos  de  miles  de  personas  fueron

             asesinadas, en muchos casos prácticamente sin pruebas


             y sin que se hiciera esfuerzo alguno por ajustarse a las

             formalidades legales.


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