Page 61 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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por una causa, no por placer, amor, odio o dinero.
                   Si te llevas el lingote de oro, tendrás que dar
                   cuenta de tu delito a ti misma, y después a mí, y
                   yo entenderé la justificación que los asesinos
                   dieron al asesinato de mis seres queridos. Ya
                   debes de haber notado que, durante todos estos
                   años, he procurado entender lo que pasó; no sé si
                   eso me proporcionará la paz, pero no veo ninguna
                   otra alternativa.
                   -Si te robara el lingote, jamás volverías a
                   verme.
                            Por primera vez, en la media hora que llevaban
                   hablando, el extranjero esbozó una sonrisa.
                   -No olvides que trabajé en armamento. Eso
                   implica servicios secretos.


                            El hombre le pidió que lo acompañase hasta el
                   río; se había perdido, no sabía el camino de
                   vuelta. Chantal cogió la escopeta (la había pedido
                   prestada a un amigo con el pretexto de que estaba
                   muy tensa y quería distraerse yendo de caza).
                            No mediaron palabra durante el camino. Cuando
                   llegaron al río, el hombre se despidió de ella.
                   -Entiendo tu demora, pero ya no puedo esperar
                   más. También entiendo que, para luchar contra mí,
                   necesitabas conocerme mejor: ahora ya me conoces.
                            »Soy un hombre que camina por la Tierra en
                   compañía de un demonio; para alejarlo o aceptarlo
                   de una vez por todas necesito hallar la respuesta
                   a algunas preguntas.


                            El tenedor golpeó insistentemente un vaso.
                   Todos los clientes del bar, que ese viernes estaba
                   lleno hasta los topes, se giraron en dirección a
                   la fuente de aquel ruido; era la señorita Prym,
                   que pedía silencio.
                            El silencio fue inmediato. Nunca, en ningún
                   momento de la historia del pueblo, ninguna chica
                   cuya única obligación era servir a la clientela se
                   había comportado de esa manera.
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