Page 66 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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Todos se giraron nuevamente en dirección al
                   extranjero; esta vez, el hombre los miró a ellos y
                   asintió con la cabeza.
                   -El oro será para Viscos si, en los próximos
                   tres días, se comete un asesinato aquí. Si no
                   muere nadie, el extranjero se irá, llevándose su
                   tesoro.
                   »Esto es todo. Ya dije lo que tenía que decir,
                   ya puse de nuevo la horca en la plaza. Sólo que
                   esta vez no está ahí para evitar un crimen, sino
                   para que un inocente sea ahorcado en ella, y el
                   sacrificio de este inocente sirva para que el
                   pueblo prospere.
                            Por tercera vez, los presentes se giraron hacia
                   el extranjero; de nuevo, él asintió con la cabeza.
                   -Esta chica sabe contar historias -dijo el
                   hombre, apagando la grabadora y guardándola en el
                   bolsillo.


                            Chantal se volvió de espaldas y empezó a fregar
                   los vasos en la pila. El tiempo parecía haberse
                   detenido en Viscos; nadie decía nada. Lo único que
                   se oía era el agua del grifo, el tintineo de los
                   vasos de cristal cuando los ponía encima del
                   mármol, el viento distante que agitaba las ramas
                   desnudas de los árboles.
                            El alcalde quebró el silencio.
                   -Vamos a llamar a la policía.
                   -Pueden hacerlo -dijo el extranjero-. Pero
                   tengo en mi poder una cinta grabada. Mi único
                   comentario ha sido: "Esta chica sabe contar
                   historias."
                   -Por favor, suba a su habitación, recoja sus
                   cosas y salga inmediatamente del pueblo -exigió la
                   dueña del hotel.
                   -Pagué una semana y pienso quedarme una semana,
                   aunque sea preciso llamar a la policía.
                   -¿No se le ha ocurrido pensar que el muerto
                   podría ser usted?
                   -Claro. Pero eso no tiene la menor importancia
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