Page 57 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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si les hubiera inundado una gran tristeza.
                   -Recuerda lo que te dije al principio: siempre
                   procuré hacer mis negocios conforme a las leyes,
                   me consideraba "un hombre de bien." Una tarde
                   recibí una llamada en la oficina: una voz
                   femenina, suave, que no mostraba ninguna emoción,
                   me informó que su grupo terrorista había
                   secuestrado a mi mujer y a mis hijas. Querían una
                   gran cantidad de aquello que yo estaba en
                   condiciones de proveerles: armas. Exigieron
                   discreción, dijeron que nada le pasaría a mi
                   familia si yo seguía las instrucciones que me
                   darían.
                   »La mujer colgó diciéndome que volvería a
                   llamar en media hora, y pidió que esperase en una
                   cabina telefónica determinada de la estación de
                   trenes. Dijo que no me preocupara más de la
                   cuenta, que las trataban bien y que serían
                   liberadas al cabo de pocas horas, puesto que sólo
                   debía mandar un e-mail a una de nuestras filiales
                   en cierto país. En realidad, ni siquiera se
                   trataba de un robo, sino de una venta ilegal que
                   podía pasar completamente desapercibida incluso
                   para la empresa en donde trabajaba.
                   »Como buen ciudadano educado para obedecer las
                   leyes y sentirme protegido por ellas, lo primero
                   que hice fue llamar a la policía. Al minuto
                   siguiente yo ya no era dueño de mis decisiones, me
                   había transformado en una persona incapaz de
                   proteger a mi propia familia, mi universo estaba
                   poblado por voces anónimas y llamadas frenéticas.
                   Cuando me dirigí a la cabina indicada, un
                   verdadero ejército de técnicos ya había conectado
                   el cable telefónico subterráneo con los aparatos
                   más modernos existentes, de modo que podrían
                   localizar inmediatamente la llamada. Había
                   helicópteros preparados para despegar, coches
                   situados estratégicamente para cortar el tráfico,
                   hombres bien entrenados y armados hasta los
                   dientes estaban en alerta roja.
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