Page 69 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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pesar de toda la maldad que existe en el mundo.
                   Jamás contaría la conversación que acababa de
                   tener con el extranjero porque ahora ella también
                   necesitaba saber la respuesta.
                            Sabía que -a pesar de que la calle estaba
                   Desierta- por detrás de las cortinas y de las luces
                   apagadas, todas las miradas de Viscos la
                   acompañaban hasta su casa. No importaba; estaba
                   demasiado oscuro para que pudieran ver su llanto.


                            El extranjero abrió la ventana de su
                   habitación, y deseó que el frío acallase por
                   algunos momentos la voz de su demonio.
                            Tal como había previsto, no funcionó, porque el
                   demonio estaba más agitado que nunca, a causa de
                   lo que la chica acababa de decir. Por primera vez
                   en muchos años lo veía debilitado, y hubo algún
                   momento en que notó que se alejaba de él, para
                   volver en seguida, ni más fuerte, ni más débil,
                   con su temperamento habitual. Moraba en el lado
                   derecho de su cerebro, precisamente la parte que
                   gobierna la lógica y el raciocinio, pero nunca se
                   había dejado ver físicamente, de modo que estaba
                   obligado a imaginarse cómo debía de ser. Intentó
                   retratarlo de mil maneras distintas, desde el
                   diablo convencional con cuernos y rabo, hasta una
                   chica rubia de cabellos ondulados. Terminó
                   eligiendo la imagen de un joven de veinte y pocos
                   años, con pantalones negros, camisa azul y una
                   boina verde displicentemente colocada encima de
                   sus cabellos negros.
                            Había escuchado su voz, por primera vez, en la
                   isla donde viajó después de abandonar la empresa;
                   estaba en la playa, sufría pero intentaba
                   desesperadamente creer que aquel dolor tendría un
                   final, cuando vio la puesta de sol más hermosa de
                   su vida. Entonces, la desesperación se abatió
                   sobre él con más fuerza que nunca y descendió al
                   abismo más profundo de su alma, porque aquel
                   atardecer merecía ser visto por su mujer y las
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