Page 151 - 14 ENRIQUE IV--WILLIAM SHAKESPEARE
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               Enrique IV                             donde los libros son gratis





                                      ESCENA II


                                  LONDRES- Otra calle.
                             (Entran el Príncipe Enrique y Poins)



               PRÍNCIPE ENRIQUE.- Créeme que estoy excesivamente fatigado.
               POINS.- Cómo es posible? Nunca hubiera creído que el cansancio se
               atreviera con una persona tan altamente colocada.
               PRÍNCIPE ENRIQUE.- Y sin embargo, es cierto, aunque esa
               confesión empañe el esplendor de mi grandeza. No es una indignidad
               de mi parte tener ganas de beber cerveza ordinaria?
               POINS.- La verdad es que un príncipe no debería tener el gusto tan
               depravado para recordar ni la existencia de esa insulsa droga.
               PRÍNCIPE ENRIQUE.- Hay que convenir entonces en que mi apetito
               no es de naturaleza real, porque te doy mi palabra que en este
               momento recuerdo la existencia de esa humilde bebida. Pero el hecho
               es que tan triviales reflexiones me harían perder el cariño a mi
               grandeza. Qué mayor desgracia para mí que recordar tu nombre? O
               reconocer mañana tu cara? O tomar nota de cuántos pares de medias
               de seda tienes: a saber, estas y aquellas que en otro tiempo fueron
               color durazno? O llevar el inventario de tus camisas, así: una para el
               diario, la otra de gala? Pero, en ese punto, el guardián del juego de
               pelota es más fuerte que yo, porque debes estar muy en baja marea de
               ropa, cuando no empuñas una raqueta allí. Si hace tiempo que no te
               entregas a ese ejercicio, ha de ser porque tus Países-Bajos han
               encontrado el medio de consumir tu Holanda. Y sabe Dios si los
               chicuelos que hereden las ruinas de tu ropa blanca, heredarán el reino
               de los cielos; pero las comadronas dicen que los niños no tienen la


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