Page 104 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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El punto central del fresco era un grupo de querubines

              cibernéticos, cada uno llevando un átomo esférico, que


              se dirigían hacia una obra en progreso en el centro, una

              construcción de varios cientos de átomos, radialmente

              simétrica, quizás un cojinete o un motor. Encima de la


              escena,  enorme,  pero  evidentemente  no  a  escala,  se

              encontraba  un  ingeniero  de  bata  blanca  con  un


              nanofenomenoscopio monocular en la cabeza. Realmente

              nadie  los  usaba  porque  no  daban  percepción  de

              profundidad, pero quedaba mejor en el fresco porque se


              podía  ver  el  otro  ojo  del  ingeniero,  de  azul  acero,

              dilatado,  mirando  al  infinito  como el ojo de hierro de


              Arecibo.  Con  una  mano  el  ingeniero  se  acariciaba  el

              bigote. La otra la tenía metida en un nanomanipulador,

              y era evidente, por medio del glorioso uso excesivo del


              trompe‐lʹoeil,  que  los  querubines  manipuladores  de

              átomos  bailaban  a  su  son,  náyades  para  el  Neptuno

              ingeniero.




                 Las esquinas del fresco estaban ocupadas por varias

              escenas; en la esquina superior izquierda, Feynman y


              Drexler  y  Merkle,  Chen  y  Singh  y  Finkle‐McGraw

              reposaban en una misteriosa buckybola, algunos leyendo


              libros y otros señalando hacia el trabajo en progreso de

              una forma que daba a entender una crítica constructiva.


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