Page 107 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Cotton era zurdo. Tenía la mano izquierda metida en

               un guante negro. Cosido a él había una red de diminutas


               e  invisibles  estructuras  rígidas:  motores,  sensores  de

               posición y estimadores táctiles. Los sensores seguían la

               posición de la mano, cuánto se movía cada falange de


               cada dedo, y demás. El resto del aparato le hacía sentir

               como si tocase algo real.




                  Los movimientos del guante estaban limitados a un

               dominio más o menos hemisférico con un radio de más o


               menos un codo, mientras el hombre permaneciese en o

               cerca de su reposo elastométrico, la mano estaba libre. El


               guante estaba unido a una red de cables infinitesimales

               que salían de devanadores colocados en varios lugares

               de  la  estación  de  trabajo.  Los  devanadores  actuaban


               como  bobinas  motorizadas,  quitando  tensión  o

               moviendo  el  guante  de  un  lado  a  otro  para  simular

               fuerzas  externas.  En  realidad  no  eran  motores  sino


               pequeñas fábricas de hilo que generaban cables a medida

               que se necesitaban y, cuando había que empujar o tirar,

               los volvían a tragar y los digerían. Cada cable estaba


               cubierto de una funda protectora en acordeón de un par

               de milímetros de diámetro, que estaba allí por seguridad,


               para  evitar  que  los  visitantes  metiesen  la  mano  y  se

               cortasen los dedos con los hilos invisibles.


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