Page 238 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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en una esquina que miraba a la carreta anular dentro de

              la vieja ciudad, se había construido el Teatro Parnasse a

              finales  del  siglo  XIX.  Miranda  había  trabajado  allí


              durante cinco años, pero la experiencia había sido tan

              intensa que a menudo le parecían más bien cinco días.




                 El Parnasse había sido construido cuando los europeos

              se tomaban en serio su europeidad y no se disculpaban


              por ella. La fachada era clásica: un pórtico de tres cuartos

              en  la  esquina,  soportado  por  columnas  corintias,  todo

              fabricado con caliza blanca. El pórtico estaba rodeado por


              una marquesina blanca, del año 1990, rodeada por tubos

              de  neón  púrpuras  y  rosas.  Hubiese  sido  muy  fácil


              arrancarla  y  sustituirla  por  algo  mediatrónico,  pero

              disfrutaban sacando las escaleras de bambú y colocando

              las letras de plástico negro en su sitio, anunciando lo que


              hiciesen  esa  noche.  A  veces  bajaban  la  gran  pantalla

              mediatrónica  y  pasaban  películas,  y  los  occidentales

              venían  de  todo  el  Gran  Shanghai,  vestidos  con


              esmóquines  y  trajes  de  noche,  y  se  sentaban  en  la

              oscuridad viendo Casablanca o Bailando con lobos. Y

              al menos dos veces por mes, la Compañía Parnasse se


              subía de veras al escenario y lo hacía: se convertían en

              actores en lugar de ractores por una noche, luces, pintura


              y disfraces. Lo más difícil era adoctrinar a la audiencia; a

              menos que fuesen aficionados al teatro, siempre querían


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