Page 100 - La Estacion De La Calle Perdido - China Mieville
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entre  ellos,  tratando  de  robarse  el  calor  como  criaturas

            inferiores,  forzados  por  la  pobreza  a  descender  de  estrato

            evolutivo.


                Hemos visto a los porteadores nocturnos pescar muertos

            de los ríos. A la milicia de oscuro uniforme empujando con

            ganchos y pértigas los cuerpos hinchados, los ojos arrancados


            de la cabeza, la sangre gelatinosa en sus cuencas.

                Hemos  visto  a  criaturas  mutantes  arrastrarse  desde  las


            alcantarillas a la luz de las estrellas, susurrándose tímidas,

            trazando mapas y mensajes en el cieno fecal.

                Me he sentado con el viento a mi lado y he visto cosas


            crueles, execrables.




                Me pican las cicatrices y los muñones. Estoy olvidando el

            peso,  el  barrido,  el  movimiento  de  las  alas.  De  no  ser  un

            garuda  rezaría.  Pero  no  me  arrodillaré  ante  espíritus


            arrogantes.

                A veces me acerco hasta el almacén en el que Grimnebulin

            lee, escribe, y pinta garabatos, y me cuelgo en silencio del


            tejado, y allí permanezco con la espalda sobre la pizarra. La

            idea de tener toda la energía de su mente canalizada en el

            vuelo, en mi vuelo, en mi liberación, reduce el picor de mi


            espalda derrotada. El viento me acosa con más fuerza cuando

            estoy  aquí;  se  siente  traicionado.  Sabe  que,  de  lograr  mi


            empeño, perderá a su compañero nocturno en la ciénaga de

            ladrillo y heces que es Nueva Crobuzon. Por eso me castiga




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