Page 197 - Portico - Frederik Pohl
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‐ ¡Vete a la mierda! ¡No vales un pimiento como
tripulante y ahora ni siquiera quieres jugar a las cartas!
Después se ponía a barajar malhumoradamente las
cartas durante media hora o más, como si fuera una
habilidad que debiese perfeccionar a toda costa, igual
que si en ello le fuera la vida, Y, pensándolo bien, podía
ser así. Calcúlelo usted mismo. Suponga que está en
una Cinco y pasa setenta y cinco días sin que se pro‐
duzca el cambio de posición. Comprendes
inmediatamente que estás en dificultades: las raciones
no sustentarán a cinco personas más de trescientos
días.
Sin embargo, podrían sustentar a cuatro.
O a tres. O a dos. O a una.
Al llegar a este punto, ha quedado claro que por lo
menos una persona no regresará del viaje con vida, y
lo que hace la mayoría de tripulantes es empezar a
cortar la baraja. El perdedor se retuerce cortésmente el
cuello. Si el perdedor no es cortés, los otros cuatro le
dan lecciones de etiqueta.
Muchas naves que salen como Cinco vuelven como
Tres. Algunas vuelven como Uno.
Así pues, nos esforzamos en matar el tiempo, no sin
dificultades y grandes dosis de paciencia.
El sexo se convirtió en nuestro principal recurso
durante un tiempo, y Klara y yo pasábamos muchas
horas estrechamente abrazados, dormitando un rato y
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