Page 198 - Portico - Frederik Pohl
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despertándonos para despertar al otro y volver a hacer
el amor. Supongo que los muchachos hacían algo
parecido; al cabo de pocos días el módulo de aterrizaje
empezó a oler como el vestuario de un gimnasio
masculino. Después empezamos a buscar la soledad,
los cinco por igual. Bueno, en la nave no había bastante
soledad para beneficiar a los cinco, pero hicimos lo que
pudimos; de común acuerdo, empezamos a dejar el
módulo a uno solo de nosotros (o una sola) durante
una o dos horas consecutivas. Mientras yo estaba allí
Klara era tolerada en la cápsula. Cuando le tocaba el
turno a Klara, yo jugaba a cartas con los muchachos.
Mientras uno de ellos estaba abajo, los otros dos nos
hacían compañía. No tengo ni idea de qué harían los
demás con su tiempo de soledad; yo me dedicaba a
mirar el espacio. Lo digo literalmente: contemplaba la
absoluta negrura del exterior por las portillas del
módulo. No había nada que ver, pero era mejor que
seguir viendo lo que ya estaba harto de ver en el
interior de la nave.
Después, al cabo de cierto tiempo, empezamos a
reanudar nuestras actividades de costumbre. Yo
escuchaba mis grabaciones, Dred miraba sus
pornodiscos, Ham desenrollaba un teclado flexible de
piano, lo conectaba a sus audífonos y tocaba música
electrónica (a pesar de ello, podías oír algo si
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