Page 199 - Portico - Frederik Pohl
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escuchabas atentamente, y acabé harto de Bach,
Palestrina y Mozart). Sam Kahane tuvo la amabilidad
de querer darnos clases, y pasamos muchas horas si‐
guiéndole la corriente, hablando sobre la naturaleza de
las estrellas de neutrones, los agujeros negros y las
galaxias Seyfert, cuando no repasábamos los
procedimientos de exploración que deberíamos
realizar antes de aterrizar en un nuevo mundo. Lo
bueno de todo esto es que logramos no odiarnos
mutuamente más de media hora seguida. El resto del
tiempo... bueno, sí, solíamos odiarnos mutuamente. Yo
no podía soportar que Ham Tayeh barajase cons‐
tantemente las cartas. Dred experimentaba una
absurda hostilidad contra mí siempre que se me
ocurría encender un cigarrillo. Los sobacos de Sam
eran algo horrible, incluso en el viciado aire de la
cápsula, frente a lo cual el aire más fétido de Pórtico
habría parecido un jardín de rosas. Y Klara... bueno,
Klara tenía una mala costumbre. Le gustaban los
espárragos. Había traído consigo nada menos que
cuatro kilos de alimentos deshidratados, para variar y
hacer algo distinto; y aunque los compartía conmigo, y
a veces con los otros, insistía en comer espárragos ella
sola de vez en cuando. Los espárragos hacen que la
orina huela de un modo muy extraño. No es demasiado
romántico saber que tu novia ha estado comiendo
espárragos por el olor del retrete común.
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