Page 192 - Portico - Frederik Pohl
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cuando lograban convencernos a Klara y a mí, también

            al póquer chino. No jugábamos por dinero, sino para


            pasar el rato. (Al cabo de un par de días, Klara comentó

            que perder era como ganar, porque si perdías tenías

            más en qué ocupar el tiempo.) Eran bondadosamente


            tolerantes con Klara y conmigo, la oprimida minoría

            heterosexual  dentro  de  la  cultura  dominante


            homosexual que ocupaba nuestra nave, y nos dejaban

            el  módulo  de  aterrizaje  durante  un  exacto  cincuenta

            por ciento del tiempo, a pesar de que sólo fuéramos el


            cuarenta por ciento de la población.

               Nos  llevábamos  bien.  Fue  una  verdadera  suerte.

            Vivíamos  en  obligada  convivencia  y  tropezábamos


            constantemente unos con otros.

               El interior de una nave Heechee, incluso una Cinco,

            no  es  mucho  más  grande  que  la  cocina  de  un


            apartamento. El módulo de aterrizaje te proporciona

            un  poco  de  espacio  adicional ‐  el  equivalente  a  un


            armario de tamaño regular ‐, pero durante el viaje de

            ida está lleno de suministros y equipo. Y de ese total de

            espacio disponible, unos cuarenta y dos o cuarenta y


            tres metros cúbicos, hay que restar todo lo que va en él

            aparte de mí, y los otros prospectores.


               Cuando  estás  en  el  espacio  tau,  sufres  un  débil

            aunque  continuo  empuje  de  aceleración.  No  es

            realmente aceleración, es una resistencia de los átomos


            de tu cuerpo a superar la c, y puede describirse tan bien




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