Page 252 - Portico - Frederik Pohl
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Cuando  nos  hallábamos  acostados  en  la  hamaca,

            sudorosos,  relajados  y  exhaustos,  Klara  bostezó,  me


            revolvió el pelo, echó la cabeza hacia atrás y me miró

            fijamente.

               ‐ Oh, mierda ‐ exclamó con soñolencia ‐; creo que esto


            es lo que llaman estar enamorado.

               Yo le contesté galantemente.


               ‐ Es lo que hace girar al mundo. No, no «eso», sino tú.

               Ella meneó la cabeza con pesar.

               ‐  A  veces  no  puedo  soportarte ‐  declaró ‐.  Los


            sagitarios nunca se han llevado bien con los géminis.

            Yo  soy  un  signo  de  fuego  y  tú...  bueno,  los  géminis

            siempre han sido unos desorientados.


               ‐ Me gustaría que olvidaras esas tonterías ‐ repliqué.

               No se ofendió.

               ‐ Vamos a comer algo.


               Me deslicé sobre el borde de la hamaca y me puse en

            pie, pues necesitaba hablar con ella sin tocarla.


               ‐ Querida Klara ‐ le dije ‐, escúchame bien; no puedo

            permitir  que  me  mantengas  porque  te  arrepentirás,

            antes o después... y si no, yo estaría esperando que lo


            hicieras, y me encontraría incómodo. No tengo dinero.

            Si quieres comer fuera del economato, come sola. Y no


            pienso aceptar tus cigarrillos, tus licores o tus fichas en

            el casino. Por lo tanto, si quieres ir a comer, ve sola, y

            ya nos encontraremos después. Quizá podamos ir a dar


            un paseo.




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