Page 254 - Portico - Frederik Pohl
P. 254
La tomé de la mano mientras seguíamos andando.
Era muy curioso. Algunos de los viejos túneles
cubiertos de hiedra que nadie usaba eran interesantes
en grado sumo, y más allá de ellos estaban los
polvorientos y desnudos lugares donde ni siquiera se
habían molestado en plantar hiedra. Normalmente
había mucha luz a causa de las mismas paredes, que
aún despedían aquel resplandor azulado tan
característico del metal Heechee. A veces ‐ no
últimamente, pero no hacía más de seis o siete años ‐,
se habían encontrado artefactos Heechee en esos
muros, y nunca sabías cuándo tropezarías con algo que
mereciese una bonificación.
La idea no me entusiasmó demasiado, porque nada
resulta divertido cuando no tienes elección.
‐ ¿Por qué no? ‐ dije, pero al cabo de unos minutos,
cuando vi dónde estábamos, añadí ‐: Vayamos un rato
al museo.
‐ Oh, de acuerdo ‐ repuso ella, súbitamente interesada
‐. ¿Sabes que han arreglado la sala circundante? Me lo
ha dicho Metchnikov. La abrieron al público mientras
estábamos fuera.
Así que cambiamos de dirección, bajamos dos niveles
y salimos cerca del museo. La sala circundante era una
estancia casi esférica justo al lado del museo
propiamente dicho. Era grande, diez metros de
anchura o más, y antes de entrar había que ponerse
253

