Page 304 - Portico - Frederik Pohl
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hace dos semanas. ‐ Miró hacia el infinito durante unos

            momentos,  después  suspiró  y  se  llevó  a  la  boca  el


            cigarrillo de marihuana ‐. Ojalá Sess estuviera aquí ‐

            dijo, acostándose; yo noté que todos sus músculos se

            relajaban contra la palma de mi mano.


               La  droga  empezaba  a  hacerle  efecto.  También

            empezaba a hacérmelo a mí. No era nada parecido a lo


            que  podía  conseguirse  en  Pórtico,  disimuladamente

            oculto entre la hiedra. Klara había obtenido puro Rojo

            de  Nápoles  gracias  a  un  tripulante  de  los  cruceros,


            cultivado secretamente en la ladera del monte Vesubio

            entre las hileras de vides que hacían el vino Lacrimae

            Christi.  Se  volvió  hacia  mí  y  frotó  la  nariz  sobre  mi


            cuello.

               ‐  La  verdad  es  que  adoro  a  mi  familia ‐  declaró,

            bastante  calmada ‐.  Ojalá  hubiéramos  tenido  más


            suerte. Ya nos tocaba.

               ‐  Chist,  no  digas  nada ‐  murmuré,  acariciándole  el


            pelo.

               Su pelo me condujo a su oreja, y su oreja me condujo

            a sus labios, y paso a paso nos hicimos el amor de una


            forma  lenta,  serena  y  petrificada.  Fue  muy  relajante.

            Louise era competente, tranquila y dócil. Tras un par


            de meses con los paroxismos nerviosos de Klara, fue

            como volver a casa y tomar la sopa de pollo hecha por

            mamá. Al final sonrió, me besó y dio media vuelta. Se


            quedó inmóvil, y su respiración se regularizó. Guardó




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