Page 57 - Portico - Frederik Pohl
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Vi a Sheri al otro extremo de la sala con una mujer a
quien tomé por su mentora. Bailé con ella.
‐ ¿Cuál es tu impresión de momento? ‐ le pregunté.
Gritó algo que no pude entender. Luego bailé con una
negra inmensa que llevaba dos brazaletes azules,
después nuevamente con Sheri y por fin con una
muchacha que Dane Metchnikov me endosó, al parecer
porque quería perderla de vista, y con una mujer alta,
de facciones duras, que tenía las cejas más negras y
espesas que yo viera en mi vida. (Llevaba dos trenzas
que flotaban a sus espaldas cuando se movía.) También
ella ostentaba un par de brazaletes. Entre baile y baile,
me dedicaba a beber.
Había mesas para grupos de ocho o diez, pero no
estaban ocupadas. La gente se sentaba donde quería y
se tomaban mutuamente los asientos sin preocuparse
de si su anterior ocupante volvería o no. Durante un
rato se sentaron a mi mesa unos seis marineros de la
Armada brasileña, vestidos de blanco, que hablaban
entre sí en portugués. Un hombre que lucía un
pendiente de oro estuvo a mi lado unos momentos,
pero tampoco entendí lo que decía (aunque sí, y muy
bien, lo que quería decir).
Siempre tuve este problema mientras viví en Pórtico.
Es permanente. Pórtico suena como una conferencia
internacional cuando se ha estropeado el sistema de
traducción. Hay una especie de lengua franca que se
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